Fernando Valentín Segura Hoyos (Santander, 14/II/1872 – 1/IX/1939) es uno de los autores que desaparecieron de la primera a la segunda edición de la Antología de escritores que publicó el profesor Lázaro Serrano, pero en el Centro de Estudios Montañeses hemos pensado que la conmemoración del siglo y medio de su nacimiento es una buena ocasión para dedicarle esta sección de recuerdo. No se debe olvidar que fue un gran periodista, amén de escritor, dramaturgo, coplero, etc. Trabajador incansable a lo que le llevó su naturaleza y acentuó la extensa familia que tuvo que mantener,

El 25 de marzo de 1974 la poeta e historiadora Matilde Camus publicó en la Hoja del Lunes un artículo de su serie «Poetas montañeses» dedicado al periodista y escritor Fernando Segura Hoyos. Probablemente sea el texto más completo que se había escrito hasta entonces sobre este autor. En él decía, al hablar de la familia «El matrimonio tuvo seis hijos, que, afortunadamente, viven en la actualidad», sin embargo, al otro lado del anuncio de una agencia de viajes aparecía la esquela de una de las hijas. Aparte de esta triste anécdota, el artículo nos proporciona bastante información sobre el que es considerado uno de los principales periodistas de la historia de Cantabria. Además de Matilde han sido muchos los autores que se han ocupado de Fernando Segura: José del Río «Pick», Alejandro Blanco Rodríguez «Pertinax», José Simón Cabarga o José Ramón Saiz Viadero, entre otros.

Retrato hecho por Victorio Macho en 1911

Fernando Segura era hijo del músico santanderino Vicente Segura Ricci y de la campurriana Dolores Hoyos Ibert, padres también de otro periodista, José, que sería director de El Cantábrico. Fernando sintió la llamada de las letras y del periodismo desde muy joven. Empezó pronto su carrera periodística ya que en 1887 debutó en Madrid Cómico, con sus segundos nombre y apellido «Valentín Hoyos». Descubierta la identidad, José Estrañi lo hizo público y dedicó al nuevo colega unos versos esproncedianos: Con que nada, Fernándín,/ firma con tu propio nombre,/ y a ver si adquieren renombre,/ del uno al otro confín. Al año siguiente comenzó a firmar con su nombre colaboraciones en La Atalaya.

La carrera profesional de Fernando Segura ha sido muy extensa. Comenzó corrigiendo pruebas en El Atlántico. En la década de 1890 se incorporó a algunas de las cabeceras locales: La Publicidad, La Atalaya, Boletín de Comercio, El Cantábrico. En algunas vascas: La Unión Vascongada, El Correo Español, El Pueblo Vasco. Y de otras provincias: Blanco y Negro, ABC, Pluma y Lápiz, etc. Su trayectoria más larga fue en el Boletín de Comercio, de 1897 a 1917, hasta su cierre, y en El Cantábrico, de 1917 a 1937, también por el cierre, dos periodos de veinte años que avalan la calidad de su obra periodística.

En la revista La Montaña, de la Habana, se publicó este doble retrato poético-plástico de Alfredo Felices y él mismo:

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OBRA PRINCIPAL DE FERNANDO SEGURA HOYOS

COMEDIAS, DRAMAS Y MONÓLOGOS

El petardo, juguete cómico en 1 acto (Salón de “La Guirnalda” de Santander, 23 de abril de 1892).

Ímpetus mal contenidos o La Casa de Socorro, comedia en 1 acto (Teatro Principal de Santander, 9 de julio de 1895).

El primer concierto, apropósito en 1 acto (Teatro Principal de Santander, 13 de febrero de 1898).

Guipúzcoa, apropósito en 1 acto (Teatro Principal de San Sebastián, 22 de febrero de 1898).

Irún, juguete cómico en 1 acto (Teatro Lara de Madrid, 11 de diciembre de 1899).

La pejiguera, juguete cómico en 1 acto (Teatro Lara de Madrid, 16 de mayo de 1902).

Ánima vilis, boceto dramático en 1 acto (Teatro Principal de Santander, 7 de junio de 1902).

La brusca, comedia en 1 acto (Teatro Principal de Santander, 24 de febrero de 1905).

Flora de invierno, comedia en 2 actos (Teatro Principal de Santander, 22 de febrero de 1906).

Los Pirineos, comedia en 3 actos (Salón Pradera de Santander, 15 de enero de 1910).

El cencerro viejo, cuento escénico en 1 acto (Salón del Círculo Católico de Santander, 5 de febrero de 1910).

El desayuno, pasatiempo cómico (monólogo) en 1 acto (Salón del Círculo Católico de Santander, 5 de febrero de 1910).

La vieja alegría, comedia en 3 actos (Salón Pradera de Santander, 29 de noviembre de 1911).

El presidente hidrófobo, apropósito en 1 acto (Pabellón Narbón de Santander, 2 de mayo de 1912).

Flores naturales, apropósito en 1 acto (Teatro Pereda de Santander, 19 de enero de 1920).

Mi bandera, cuadro alegórico en 1 acto (Teatro Pereda de Santander, 19 de septiembre de 1921).

Lo que ven los cieguecitos, comedia en 1 acto (Salón Cantabria de Laredo, 22 de marzo de 1922).

La olla ciega, monólogo en 1 acto (Plaza de Villaverde de Pontones, 9 de julio de 1922).

La mata de claveles, cuento escénico en 1 acto (publicado en El Cantábrico, 10 de abril de 1923).

Costa brava, drama en 1 acto (Colegio San José de Suances, 21 de marzo de 1929).

ZARZUELAS

Tragó, juguete cómico-lírico en 1 acto. Libro en colaboración con Emilio Cortiguera Olaran. Música de Adolfo Vicente Wünsch Pérez, Luis Castillo Camus y Sr. Calvo (Teatro Principal de Santander, 30 de enero de 1896).

El cuchillo de monte, zarzuela en 1 acto. Música de Cosme Bauzá Gomila (Teatro Principal de Santander, 4 de enero de 1905).

La dulzura angelical, comedia lírica en 1 acto. Libro en colaboración con José Bretón. Música de Francisco Cotarelo Romanos (Teatro Principal de Santander, 3 de enero de 1908).

La última guardia, zarzuela en 1 acto. Música de Francisco Cotarelo Romanos (Teatro Apolo de Santander, 6 de mayo de 1908).

La cuesta de la Atalaya, zarzuela en 1 acto. Música de Celestino Peredo Iríbar (Teatro-Salón de Variedades de Santander, 28 de abril de 1909).

La calle de San Francisco, sainete lírico en 1 acto. Música de Antonio Porras (Teatro-Salón de Variedades de Santander, 24 de febrero de 1911).

Cagigas, disecador, zarzuela en 1 acto. Música de Carlos Schumann Hardy (se anunció su estreno en el Salón Pradera de Santander en enero de 1916, pero no llegó a efectuarse).

OBRA POÉTICA

Mi primer libro (1892).

En el espacio azul (1913; obra premiada con la flor natural en los Juegos Florales de León).

Abundantes rimas cómicas publicadas en las revistas Madrid Cómico (Madrid, 1887, seud. “Valentín Hoyos”; 1905), La Semana Cómica (Barcelona, 1888-1893), Caras y caretas (Montevideo, 1891), El día de moda (Barcelona, 1892), Pluma y lápiz (Barcelona, 1893), etc.

Poemas publicados en La Atalaya (Santander, 1895-1896, 1907 y 1922), en La Saeta (Barcelona, 1897), en El Cantábrico (Santander, 1904 y 1920-1925), en Cuba Musical (La Habana, 1905), en La Montaña (La Habana, 1917, 1920-1925), etc. También en publicaciones puntuales como el Álbum Patria de Santander (1898).

NOVELAS

La donación (1892).

El camino (1901; novela corta publicada en Blanco y Negro de Madrid, previo concurso, por decisión del jurado que componían Benito Pérez Galdós, José Echegaray y José Ortega Munilla).

La modorra (1901).

Juguete del viento (1903).

La coja del Machichaco (publicada en Revista Cántabra de Santander, 28 de enero de 1911).

CUENTOS

¡Fíjese usté! (publicado en La Semana Cómica de Barcelona, 24 de octubre de 1889).

La información (publicado en Barcelona Cómica de Barcelona, 19 de mayo de 1894).

El medallón (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 28 y 31 de marzo y 2 de abril de 1896).

Un paseo marítimo (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 2, 4 y 7 de abril de 1896).

En la pescadería (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 4, 7 y 9 de abril de 1896).

El cuarto de guardia (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 11, 14 y 16 de abril de 1896).

El ciego del casino (apunte) (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 30 de abril y 2 de mayo de 1896).

La botada (publicado sin firma en El Aviso de Santander, 12 y 14 de mayo de 1896).

La teja (publicado en El Eco Montañés de Madrid, 2 y 9 de junio de 1900).

El señor Pedro (publicado en Santoña de Santoña, 7 de septiembre de 1901).

La risa en el Cubilón (publicado en La Atalaya de Santander, 8 de abril de 1907).

Pan de amor (publicado en La Semana de Santander, 19 de octubre de 1907).

El Cristo denunciador, cuento tradicional (publicado sin firma en Revista Cántabra de Santander, 14 y 21 de noviembre de 1909).

Cuento de Reyes. Un castigo mágico (publicado en Letras Montañesas de Santander, 1 de enero de 1910).

Un cuento de allende el mar (publicado en La Montaña de La Habana, 28 de diciembre de 1918).

Los besos fríos (publicado en La Montaña de La Habana, 15 de marzo de 1919).

Los ojos del arte (publicado en La Montaña de La Habana, 22 de marzo de 1919).

El gallo de don Ciquiel (publicado en La Montaña de La Habana, 19 de abril de 1919).

¡En peligro de rabiar! Breve cuento de la aldea (publicado en La Montaña de La Habana, 21 de junio de 1919).

Por el hocico… (publicado en La Montaña de La Habana, 11 de octubre de 1919).

Una historia muy sencilla (publicado en La Montaña de La Habana, 27 de diciembre de 1919).

El cuento de las vihuelas (publicado en El Cantábrico de Santander, 4 de abril de 1920).

Cátedra contra el mareo. Cuento santanderino (publicado en La Montaña de La Habana, 24 de abril de 1920).

¡Con azúcar y canela! (publicado en El Cantábrico de Santander, 11 de abril de 1920 y en La Montaña de La Habana, 24 de julio de 1920).

La coronación de Aurora. De cómo empezó un reinado (publicado en El Cantábrico de Santander, 23 de mayo de 1920).

Las maravillas (publicado en La Montaña de La Habana, 26 de junio de 1920).

Las centellas negras (publicado en El Cantábrico de Santander, 29 de junio de 1920).

La alegría de la casa (publicado en El Cantábrico de Santander, 6 de julio de 1920 y en La Montaña de La Habana, 11 de septiembre de 1920).

Risa para todo el año (publicado en El Cantábrico de Santander, 27 de julio de 1920).

Un gemido del terruño (publicado en La Montaña de La Habana, 31 de julio de 1920).

El convidado de piedra (publicado en El Cantábrico de Santander, 3 de agosto de 1920 y en La Montaña de La Habana, 10 de junio de 1923).

Un naufragio en la bahía (publicado en La Montaña de La Habana, 7 de agosto de 1920).

Restituto Gabaldón (publicado en El Cantábrico de Santander, 17 de agosto de 1920).

La gloria de Entrambaspeñas (publicado en El Cantábrico de Santander, 24 de agosto de 1920).

La afición de “Barrilete” (publicado en El Cantábrico de Santander, 31 de agosto de 1920).

Un gemido en los bardales (publicado en El Cantábrico de Santander, 8 de septiembre de 1920).

Las garras de la Justicia (publicado en El Cantábrico de Santander, 14 de septiembre de 1920).

Sin querer (publicado en El Cantábrico de Santander, 21 de septiembre de 1920).

La botica del doctor (publicado en El Cantábrico de Santander, 28 de septiembre de 1920 y en La Montaña de La Habana, 25 de diciembre de 1920).

¡Acuéstese, Baldomera! (publicado en La Montaña de La Habana, 20 de noviembre de 1920).

La vuelta de los espíritus. Mientras caía el granizo (publicado en La Montaña de La Habana, 27 de noviembre de 1920).

Al irse a arrojar al mar (publicado en La Montaña de La Habana, 11 de diciembre de 1920).

Monólogo cómico-lírico. ¡Ni a la de tres! (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de enero de 1921).

La prole del tío Celenque (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de febrero de 1921).

El mismísimo demonio (publicado en La Montaña de La Habana, 30 de abril de 1921).

Cuando llegan las Montañas. Escenas santanderinas (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de mayo de 1921).

La revelación de un numen. Cuento santanderino (publicado en La Montaña de La Habana, 30 de mayo de 1921).

Para el tránsito fatal (publicado en La Montaña de La Habana, 30 de junio de 1921).

De cómo enviudó Venancio (publicado en Cantabria de Santander, 28 de agosto de 1921).

Los rimbombantes (publicado en El Cantábrico de Santander, 27 de septiembre de 1921 y en La Montaña de La Habana, 30 de abril de 1923, aquí con el título La chapuza).

Instantáneas de la aldea. Una función teatral (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de octubre de 1921).

La vuelta al hogar (publicado en El Cantábrico de Santander, 25 de octubre de 1921).

¡Cruz y raya! Cuento de lobos (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de diciembre de 1921).

Un mensaje muy amargo (publicado en El Cantábrico de Santander, 24 de diciembre de 1921).

La campanilla de plata (publicado en El Cantábrico de Santander, 27 de diciembre de 1921).

La sucursal del infierno (publicado en El Cantábrico de Santander, 10 de enero de 1922).

El tonto de Valdelpozo (publicado en El Cantábrico de Santander, 21 de enero de 1922 y en La Montaña de La Habana, 10 de agosto de 1923).

Una aurora en un ocaso (publicado en El Cantábrico de Santander, 24 de enero de 1922).

¡Estudiantes que estudiáis libros de Filosofía!… (publicado en El Cantábrico de Santander, 12 de febrero de 1922 y en La Montaña de La Habana, 10 de octubre de 1923).

La sirenita del mar (publicado en La Montaña de La Habana, 20 de febrero de 1922).

¡No decae nuestra raza! Escenas de la vida santanderina (publicado en La Montaña de La Habana, 28 de febrero de 1922).

El trébol y el azahar (publicado en El Cantábrico de Santander, 11 de marzo de 1922 y en La Montaña de La Habana, 10 de diciembre de 1922).

Las lágrimas de la Petro (publicado en La Montaña de La Habana, 20 de marzo de 1922).

El bolsillo roto (publicado en El Cantábrico de Santander, 4 de abril de 1922 y en La Montaña de La Habana, 10 de mayo de 1922).

El librero del kiosko (publicado en El Cantábrico de Santander, 25 de abril de 1922 y en La Montaña de La Habana, 10 de agosto de 1922).

Ceciliuca la niñera (publicado en El Cantábrico de Santander, 27 de junio de 1922).

¡Unos crímenes horrendos! (publicado en La Montaña de La Habana, 31 de julio de 1922).

La codicia rompe el saco (publicado en La Montaña de La Habana, 30 de agosto de 1922).

El burro de la Sidora (publicado en El Cantábrico de Santander, 3 de octubre de 1922).

La política local (publicado en El Cantábrico de Santander, 28 de noviembre de 1922).

La sastra de munición (publicado en El Cantábrico de Santander, 24 de diciembre de 1922).

Un remedio radical (publicado en La Montaña de La Habana, 10 de enero de 1923).

La generala (publicado en El Cantábrico de Santander, 30 de octubre de 1923).

El hijo del Carnaval (publicado en El Cantábrico de Santander, 19 de febrero de 1928).

¡Fue Pepín a la misa del gallo!… (publicado en El Cantábrico de Santander, 25 de diciembre de 1928).

LETRAS PARA CANTABLES

Las pacotillas de Estrañi (habanera), música de Mario del Villar Sabater (1916).

Esperanza (barcarola), música de Mario del Villar Sabater (1916).

El paredón (mazurka), música de Maximino Enguita Martínez (la letra, 1916; la música, reutilizada ahora, 1881).

Couplets de actualidad, música de Eusebio Peredo (1918).

¡Cuánto sufre la mujer! (cuplé), música de Carlos Schumann Hardy (1920).

¡A Melilla va el soldado! (marcha patriótica), música de Carlos Schumann Hardy (1921).

Canción matutina, música de Pedro Rodríguez Vilches (1924).

Aldea querida, música de Celestino Peredo Iríbar (1925).

Al rumor de las olas (barcarola), música de Abelardo Bretón Matheu (1925).

Himno de las modistas, música de Francisco Asenjo Barbieri (la letra, 1931; la música, reutilizada ahora, 1874).

PRÓLOGOS

A Comidilla, de Germán de la Pedrosa Rueda (1892).

A Gérmenes, poesías, de Demetrio y Julián Herrero García (1918).

A Por todo lo alto, poesías,de Francisco Fuentenebro (1936).

VARIOS

Breve historia de la prensa santanderina (1891; publicada por entregas en La Publicidad de Santander).

Nuestros papeles públicos. Apuntes desordenados por un antiguo periodista (1891).

Músicos y pintores. Notas y rasgos (1891-92; inacabado, publicado por entregas en La Publicidad de Santander).

Aires Montañeses (del natural) (1896). Contiene los trabajos siguientes, publicados sin nombre de autor en El Aviso: “El medallón” (28 y 31 de marzo y 2 de abril), “Un paseo marítimo” (2, 4 y 7 de abril), “En la pescadería” (4, 7 y 9 de abril), “La vida (primaveral)” (9 y 11 de abril), “El cuarto de guardia” (11, 14 y 16 de abril), “Crepúsculo” (16 y 18 de abril), “Los toros” (18 y 21 de abril), “Los barquillos” (21 y 23 de abril), “Carnavaladas” (23, 25 y 28 de abril), “Fin de año” (28 de abril), “El ciego del casino (apunte)” (30 de abril y 2 de mayo), “La nieve” (2 y 5 de mayo), “Los chistosos” (5 y 7 de mayo), “La botada” (12 y 14 de mayo) y “Las tarjetas” (14 y 16 de mayo).

“La canción del río”. En el libro Cantos de la Montaña. Colección de canciones populares de la provincia de Santander (1901; pp. 37-39).

“Potes”. En Santander y su provincia. Guía de la Montaña y su capital, por Alberto Gayé Hernández (1903; pp. 501-511).

Federico de Vial (1909).

Santander al vuelo: impresiones del momento (1910).

Santander: ferias y fiestas (1914).

Guía industrial de Santander (1923).

Miguelín, libro de lectura para niños (inédito).

OBRA PERIODÍSTICA

Verdaderamente colosal, aparecida por lo menos en los siguientes periódicos y revistas: La Publicidad (Santander, 1891-1892); El Atlántico (Santander, 1892-1893); La Atalaya (Santander, 1893-1896, 1903 y 1908); Barcelona Cómica (Barcelona, 1894); La Unión Vascongada (San Sebastián, 1896-1897); El Aviso (Santander, 1897-1898); Boletín de Comercio (Santander, 1898-1917); El Cantábrico (Santander, 1898, 1901, 1903-1905, 1909 y 1917-1937, con el seudónimo “Nostradamus” desde 1926, utilizado especialmente en la sección “Las mil y una tardes”); El Eco Montañés (Madrid, 1900-1901); El Cuco (Santander, 1901); Nuevo Mundo (Madrid, 1901); ABC (Madrid, 1903); Revista Veraniega (Santander, 1905-1907); La Romería (Santander, 1906); La Semana Veraniega (Santander, 1907); Revista Cántabra (Santander, 1908-1911); Celipuco (Santander, 1909, número único); Percebete (Santander, 1909); La Voz de Liébana (Potes, 1909-1910); Letras Montañesas (Santander, 1909); Actualidad Gráfica (Santander, 1912); La Unión Ilustrada (Málaga, 1912); Ecos de Sociedad (Santander, 1913); Sotileza (Santander, 1913-1914); Las Noticias (Santander, 1915, con el seudónimo “Simplicius”); La Montaña (La Habana, 1916-1925); España Neutral (Santander, 1917); El Hogar (Santander, 1917); Cantabria (Santander, 1921); La Política Cómica (La Habana, 1925); El Pueblo Vasco (Bilbao, 1928); El Adelanto (Salamanca, 1930); Diario de Burgos (Burgos, 1932).

OBRAS REEDITADAS EN ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

Las mil y una tardes de Nostradamus (1988). Recoge trabajos publicados por Segura en El Cantábrico bajo ese título y con dicho seudónimo.

Cuentos en la prensa santanderina (2012). Incluye un trabajo biográfico introductorio de Lucía Fernández Segura y recoge los siguientes cuentos: “Pan de amor”, “El Cristo denunciador. Cuento tradicional”, “Por el hocico”, “Una historia muy sencilla”, “El cuento de las vihuelas”, “¡Con azúcar y canela!”, “La coronación de Aurora. De cómo empezó un reinado”, “Un gemido del terruño”, “El convidado de piedra”, “Un naufragio en la bahía”, “Restituto Gabaldón”, “La gloria de Entrambaspeñas”, “El mismísimo demonio”, “Estudiantes que estudiáis libros de Filosofía…”, “La sirenita del mar”, “El trébol y el azahar”, “El bolsillo roto”, “El librero del kiosko”, “¡Unos crímenes horrendos!”, “La codicia rompe el saco”, “La política local”, “Un remedio radical”, “La chapuza”, “El hijo de Carnaval” y “¡Fue Pepín a la misa del gallo!…”.  

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HAN ESCRITO SOBRE FERNANDO SEGURA

Santander en mi memoria, por Gerardo de Alvear (Santander, 2001), pp. 65-68:

“Un tipo formidable era Fernando Segura, pequeño, débil de cuerpo, cargado de hombros, rostro muy enjuto, pálido, aceitunado, nariz ganchuda, con una pequeña bufanda de color indefinido en invierno, dada vuelta sobre el abrigo color de ala de mosca, una gorruca de visera muy vieja puesta hacia adelante, que casi le tapaba los lentes de pinzas. La voz velada y ronca, arrastrando las sílabas con un tonillo característico suyo. Tendría entonces unos cuarenta años, muy inteligente y muy original. Era periodista de El Cantábrico, donde escribía una sección humorística como continuación de las pacotillas de don José Estrañi, que fue director de este diario santanderino.

Una mañana de enero de viento y lluvia bajaba muy deprisa Alberto (López) Argüello por la Cuesta del Hospital que desembocaba en la calle de Atarazanas, defendiéndose de la llovizna que se mete por debajo del paraguas. Estaba Segura en un portal y yo me había detenido para charlar con él. Al ver a Argüello pasar por la acera de enfrente le grita:

-¡Señor Argüello, señor Argüello!

Argüello, siempre tan correcto, cruza la calle, aguantando el paraguas contra el viento para que no lo dé vuelta y pensando que algo muy importante tendría que decirle Segura:

-¿Qué quiere el amigo Segura?

-¿Qué opina el señor Argüello de la vida?

Quedó el pobre Argüello pasmado de tal pregunta y que para esto le hubiese llamado tan urgentemente; pregunta que requería tan larga y complicada respuesta, y después de despedirse muy amablemente, continuó su camino envuelto por la llovizna.

Otra mañana tan desapacible como aquélla, iba yo muy apurado porque me esperaba Pepe Cabrero, siempre tan puntual. Surge Fernando Segura de la esquina de la Cuesta del Hospital, en donde vivía. Se detiene delante de mí y me corta el paso:

-¿Qué hago con el cadáver?

-Pues vaya una pregunta… ¿Pero de qué cadáver hablas?

-Se ha muerto un hombre en mi casa.

-¿Cómo ha sido eso? ¿Es de tu familia? ¿Es amigo?

-Nada de eso, le había recogido.

-Pero, hombre, teniendo tantos hijos.

-Donde comen diez, comen once, y el desgraciado comía poco… ¿Qué hago con el cadáver?

-Pues hacerle enterrar.

-Ta, ta, ta, eso se dice muy fácilmente, pero… no tengo dos pesetas.

-Bueno, amigo Fernando, ya veré si consigo… pero ahora me está esperando Pepe Cabrero.

Y dejé a Segura con la misma cantinela: ¿qué hago con el cadáver?

No me pidió dinero para solucionar su conflicto, y supuse lo haría por alguna sociedad caritativa. Aunque con frecuencia me sableaba, siempre en verso, en un papelucho que metía por debajo de la puerta seguramente alguno de sus muchos hijos por mandato de su padre:

‘Querido Gerardo: mándame un duro;

paso un mal momento,

y te aseguro

que no es un cuento’.

Así o en parecidas aleluyas me daba sablazos de vez en cuando. Yo siempre le mandaba lo poco que me pidió. Algunas noches, estando yo en la cervecería La Mundial, en lo que entonces era La Ribera, entraba Segura con su tapabocas algo raído, se sentaba a la mesa donde yo tomaba una caña y me decía:

-Si acierto el significado de cualquier palabra del diccionario, abriéndole por donde quieras, ¿me convidas a un doble de cerveza?

-Sí, desde luego.

Entonces iba a buscar un tomo del Diccionario de la lengua de la Academia (en esta cervecería había una pequeña librería que contenía este diccionario, y no creo que hubiese otra, no ya en Santander, sino en España, con este lujo), y me lo entregaba.

-Abre por donde quieras.

Así lo hacía yo y cualquier palabra que le dijese decía su significado sin equivocarse, como si lo hubiese estudiado antes; sería casualidad, pero así era. Bebía con fruición un trago del doble de cerveza:

-Abre por otra página.

Así lo hacía, acertaba, tomándose otro doble. Tres veces acertó, y se bebió tres dobles. Luego, ya con la confianza que da beber un poco…, me decía:

-Mi mujer es muy cariñosa, y ya acostados yo leo el periódico, pero ella… sigue con arrumacos. Entonces yo leo en alto: ‘Noticias de Cuba: un marido mata a su mujer…’. ‘Calla, calla, no sigas…’ y se duerme. Es muy buena, pero, querido Gerardo, tengo muchos hijos ya”.

También dice Alvear (pág. 101):

“Aunque a Fernando Segura le he puesto entre los tipos originales de aquel Santander, porque lo era, también era, además de periodista, literato y poeta humorístico”.

El Cuco (Santander), 30 de junio de 1901 (Sección “Memorias de un aprendiz”):

In illo tempore era yo un pobre diablo con la mente pletórica de ilusiones y con muy pocos años en el bagaje de mi vida. Sin saber por qué -acaso por invencible tendencia de mi espíritu- tenía una gran vocación por la profesión de periodista. Recuerdo que un día, estudiando mi lección de Retórica, sobre las viejas y sucias hojas escribí un verso, y luego otro… y otro… Ya por aquella época el nombre de Segura, del laureado escritor que ha triunfado últimamente en Castro, era muy popular y querido en Santander; y una noche, ávido de conocerle y de pedirle su apoyo, me dirigí a la redacción del periódico en que trabajaba…

-El señor Segura -pregunté; y el regente me introdujo a un cuarto angosto y semiamueblado que había, independiente de la mesa de trabajo…

Mi asombro no tuvo límites cuando, creyendo encontrarme “tête a tête” con un hombre encanecido en la lucha y en el estudio, me presentaron un jovenzuelo pálido, muy pálido; la cara flacucha, desierta de risas; con la frente inclinada sobre un montón desordenado de cuartillas, con la cabeza hundida sobre los hombros…

Nuestra entrevista fue corta. Cuando conoció mi propósito de dedicarme a la labor penosa del periodismo, contrariando los deseos de mis padres, que querían dedicarme al comercio, sus consejos cayeron sobre mi alma soñadora con toda la hiriente rudeza de un bloque inmenso.

Me hablaba tristemente, amargamente, y sus palabras, impregnadas de brutal desaliento, parecían más que de adolescente, de viejo luchador agotado y vencido…

-Joven -me contestó-. Siga usted el camino que le marcan sus padres; dé un adiós a sus amores de poeta y busque en el comercio lo que seguramente no ha de conquistar (porque no lo ha conquistado nadie) en el campo de la literatura…

Cuando salí de allí, la impresión que llevaba en el alma no podía ser más cruel; me habían arrancado mis ilusiones, dejándome una sensación intensamente triste, sentí algo así como una dentellada sin piedad.

En la calle, el ambiente de aquella noche tibia besó mi frente. Arriba vibraba la redacción con un ajetreo de máquinas y solo se oía el rumor incesante producido en el yunque de trabajo…

Han pasado algunos años. La lucha por la vida me llevó muy lejos a cumplir la brutal sentencia bíblica, y rodando, rodando por el mundo me he acordado mucho de las palabras del maestro; cada una de ellas me ha arrancado una lágrima caliente y he sentido ganas de romper mi pobre pluma sobre la cabeza de muchos ídolos falsos…

Acaso él no se acuerde; pero yo me acuerdo siempre, porque lo dijo… Fernando Segura. ¡Si otro lo hubiera dicho!…

Él ha luchado mucho, y ha triunfado siempre.

Los demás…

Jesús de Amber”.

El Globo (Madrid), 18 de marzo de 1905:

“CRÓNICA

Plumas hidalgas

            (…).

            Retozona, chispeante, llena de donaire e ingenio, es la pluma de Fernando Segura, un escritor montañés de singulares talentos. Sus crónicas entrañan un regocijo sano, tocado de benévola ironía, que sabe reírse, sin hacer sangre, de las ridículas vanidades humanas.

            Fecundo en demasía, prodiga agudezas en el sinnúmero de artículos que escribe. No es la sal gruesa, la gracia forzada y, por tanto, repulsiva, la que sazona sus prosas. Véase en ellas un espíritu inquieto, no desengañado de la vida, que se contenta y regocija, riendo francamente y haciendo reír a placer.

            A más de un excelente cronista, es autor dramático de empuje. Mas para él, las puertas de los teatros madrileños se hallan cerradas a cal y canto.

            (…).

                                                                                               Ángel Guerra*”.

* Seudónimo de José Betancort Cabrera.

La Atalaya (Santander), 10 de septiembre de 1924:

“GENTE DE PLUMA DE SANTANDER

FERNANDO SEGURA

            Era de noche y sin embargo llovía, pero llovía a jarros. Parecía que el agua la echaban del cielo con manguera que no fuera del servicio de incendios, y el tránsito por la calle, a obscuras e inundada, era un acto tan heroico, por lo menos, como los realizados por el popular sargento Vasallo. Un amigo nuestro, persona muy conocida y periodista de afición, regresaba del teatro envuelto en un impermeable, cubriéndose con un paraguas, amén de parches de papel secante en los puntos estratégicos. Ningún otro ser vivo cruzaba el bulevard entonces. De pronto, en la lejanía fosforeció una luz: era un puro encendido. Tras el puro, se adivinaba la sombra de un hombre, y este hombre, al estar a distancia de reconocimiento, pudo verse que llevaba un ligero traje de lanilla, hecho ya una sopa, y un sombrero de paja, que por efecto del riego continuo empezaba a florecer.

            -Es un neurasténico que busca el suicidio por medio del remojón -pensó nuestro amigo, decidido a avisar al guardia.

            Pero cuál no sería su asombro cuando al llegar frente a él los dos se reconocen y caen uno en los brazos del otro.

            -¡Fernando!

            -¡Emilio!

            Era Fernando Segura, el popularísimo periodista cuyas genialidades podrían llenar el Depósito Franco.

            Nuestro amigo, al que seguiremos llamando Emilio, no salía de su asombro.

            -¡Pero con esta lluvia! ¡Tápate! Vas a morirte…

            -¡Estoy tan preocupado que no noto el agua!

            -¡Pero si te llega ya al bazo!

            -No te preocupes…

            -Dime por lo menos tu preocupación. ¿Es cuestión de dinero, de mujeres, un caso de conciencia?

            -Es que he leído esta mañana un artículo de Domingo Fernández Cueto y todavía no sé lo que dice.

            El episodio pinta al popular perfilero de El Cantábrico. Domingo Gutiérrez Cueto, el culto lector le recordará, fue otro querido amigo nuestro, abogado cultísimo y escritor notable muerto hace pocos años, cuyos escritos eran enrevesadísimos a fuerza de querer parecer sentenciosos e intencionados.

            Otro rasgo del ‘Perfilero’: Acababa de llegar a Santander el poeta Alberto López Argüello y se le presentaron. Argüello espera esas primeras frases obligadas, sobre su tierra, sobre si le gusta la nuestra. Pero Segura, dando terribles mordiscos a un puro, le dirige esta pregunta desconcertante:

            -¿Y qué opina el señor Argüello de la vida?

            Así, en clase de pregunta-bocadillo y para abrir boca.

            Otro día le encuentra el pintor Gerardo Alvear en compañía de un guardia municipal. Segura les presenta en esta forma:

            -El amigo guardia… Aquí un pintor, los dos sois los más desgraciados de la sociedad. Nadie os hace caso…

            Estos rasgos pintan al hombre. Del escritor diremos que empezó su oficio de niño, corrigiendo pruebas en El Atlántico. Allí se reveló la enorme madera de periodista que llevaba dentro. Luego, al fundarse La Atalaya, figuró en su redacción con ‘Amadís’, Ignacio Zaldívar, Sánchez de Castro, Jesús Cospedal y otros escritores notables.

            Segura fue desde su niñez un periodista de batalla, es decir, un periodista para todo. Desde el artículo de fondo a la gacetilla telegráfica, pasando por los versos y el comentario jocoso, la revista taurina, la crónica artística, la sección de sucesos, todo lo hacía él y todo admirablemente. Era un caso de fecundidad asombrosa, que aún continúa, a pesar de los años y los quebrantos físicos. Segura, más que un hombre de carne y hueso, ha sido una máquina de hacer periódicos.

            Además es poeta: en diferentes justas literarias, su numen fue galardonado. Es un cuentista ágil y ameno, algunos de sus cuentos son novelas en embrión; y sobre todo, autor dramático.

            Para el teatro poseía extraordinarias aptitudes. En Madrid la compañía de Lara le estrenó una linda comedia, Irún, que fue muy celebrada. Después estrenó otras varias, así como algunas zarzuelitas. Últimamente se dedicó a estrenar, en los ya difuntos salones de Variedades y de Apolo de nuestra ciudad, obras inspiradas en las calles y barrios de Santander. Recordamos La cuesta de la Atalaya y La última guardia, cuya acción se desarrollaba en el Río de la Pila.

            De una de estas obras es el siguiente chiste: una madre, que tiene tres hijas, se queja de que las tres la han abandonado.

            -La mayor -refiere- sintió desde niña la vocación religiosa y se fue con el Señor…

            Los que la oyen ponen el rostro compungido.

            -¡Bendita de Dios!

            La madre sigue:

            -La segunda, un pimpollo, también me dejó por el claustro. Se fue también con el Señor…

            Hay una larga pausa emocionante.

            Sigue la madre:

            -Y la tercera…

            Interrumpe una vieja:

            -¿Se fue también con el Señor?

            -No; esa se fue con el señorito…

            Pero aún hay más: Segura escenificó la vida pintoresca y bohemia del popular Telesforo Martínez. Una comedia sobre ese motivo se estrenó en el Salón Pradera a beneficio de don Telesforo.

            La fama de Segura trascendió fuera de la provincia y fue reclamado de otras partes. Ejerció brillantemente el periodismo en San Sebastián y don Torcuato Luca de Tena contó con él al fundar el ABC.

            No trabajó más que en el primer número de este periódico. Al enterarse de que iba a ser redactor jefe un periodista que le había sido muy antipático en San Sebastián, cogió el sombrero y volvió a Santander.

            De La Atalaya pasó al Boletín de Comercio, donde trabajó muchísimos años hasta la muerte de aquel veterano de la prensa española. Después entró en El Cantábrico, donde escribe los ‘Perfiles Cómicos’, que han sustituido a las ‘Pacotillas’ de Estrañi. A pesar de titularse la sección ‘Perfiles Cómicos’, en ella incluye Fernando todo: hasta las noticias de defunción de los amigos.

            Segura ha dicho, burla burlando, verdades de a puño. Citaremos un caso:

            Acababa de morir un virtuoso señor, a quien Segura quería y respetaba mucho. En la casa mortuoria halló a otro señor que no le era simpático.

            Al verle éste, le dijo en tono sentencioso:

            -Ya lo ve usted, Segura, los buenos se van, los malos se quedan…

            Y Fernando Segura replicó rápido:

            -Nos quedamos, don Fulano, nos quedamos…

            Segura es la antítesis de Nieto. Trabaja sin descanso casi desde que amanece. Para ser del todo original se encierra a trabajar en la cabina del teléfono de El Cantábrico. Y allí, en aquel nicho, casi sin respiración y con luz artificial, lee doscientos o trescientos periódicos al día; los acota; escribe los ‘Perfiles’; escribe el fondo; tres o cuatro crónicas sobre diversos temas…

            Cuando parece que humanamente no puede dar más de sí, empieza a recibir visitas.

            Ya es un venerable sacerdote que le ha encargado el texto de un sermón; ya son los ‘Tres Frescatis’, trío de caraduras que se disponen a salir por Carnaval y cuyos discursos les hace Segura; ya el dueño de una zapatería que espera de él una hoja dedicada a sus zapatos y toda en verso; ya los carteros, que le han encargado las redondillas en que felicitan, a los vecinos, los Santos Reyes…

            Todas estas cosas y cien mil más hace Segura metido en la cabina del teléfono.

            ¡Cuántos bellos discursos leídos en actos oficiales por empingorotados señores son obra suya! Una vez en que uno de estos personajes pronunciaba un discurso, Segura nos dijo a los que le rodeábamos:

            -Ahora va a decir: ‘Mientras corra por mis venas sangre montañesa’.

            Y en efecto, el buen señor, como si le hubiese costado mucho pensarlo, empezó a decir:

            -‘Mientras corra por mis venas sangre…’.

            La sangre por poco corre en el salón de actos. Porque empezamos a reírnos sin respeto a la solemnidad del lugar, y los incondicionales del ‘orador’ querían ‘mecharnos’.

                                                                                               PICK”.

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