Matilde de la Torre

La figura a la que se dedica la sección de Homenaje en 2021 es Matilde de la Torre. El Centro de Estudios Montañeses ha querido aprovechar la presencia en Santander de Úrsula Álvarez Gutiérrez, descendiente -como aquella- de la familia Gutiérrez Cueto y llegada de Perú hace más de un año con intención de investigar la historia de sus ancestros, para pedirle unas páginas que nos hablen de su ilustre pariente.

El clan de los Gutiérrez de la Torre devenido en los Gutiérrez Cueto, ha tenido relevancia desde mediados del siglo XIX, primero en la prensa con la fundación y dirección de La Abeja Montañesa, Santiago y a Ellos, El Comercio de Santander y El Atlántico para, sin abandonar el periodismo, destacar también en otros campos los hermanos Antonio, Domingo, Enrique y Fernando Gutiérrez Cueto, brillando cada cual en su esfera respectiva; un resplandor que se extendió en las generaciones siguientes al mundo del arte con María Blanchard o Antonio Quirós y al de la literatura con Matilde de la Torre, Consuelo Bergés y, ahora, Úrsula Álvarez.

MATILDE DE LA TORRE VIVIÓ

“…a los que viven, aunque se mueran.”

Mario Benedetti.

Puede decirse sin mentir que Matilde de la Torre (Cabezón de la Sal, 14/marzo/1884 – Ciudad de México, 19/marzo/1946) aprendió a caminar, a hablar y a leer a la vez que aprendió a restar. Durante su niñez Matilde perdió ante la muerte a tres de sus cinco hermanos. Cuando Matilde tenía doce años, su madre, Ana Gutiérrez Cueto, murió. Al año siguiente, un descuido doméstico inimaginable mató a su hermano Eduardo y a su tío Cástor cuando la cocinera de la familia confundió el veneno para ratas con harina. ¿Fue su padre, alguno de sus tíos o su propensión atávica quien señaló las bibliotecas como refugio ante lo inapelable? Fuera lo que fuera, Matilde halló cobijo en el deseo de saber desde niña. 

La adolescencia de Matilde coincidió con la decadencia de su país como potencia. La pérdida de sus colonias marcó a una generación de españoles, pero a Matilde la marcó más. Matilde supo cada detalle del Desastre del Noventa y Ocho no sólo porque sus tíos eran periodistas sino porque su favorito, el marino mercante Don Fernando Gutiérrez Cueto, quedó atrapado en la Guerra de Cuba y cumplió un papel destacadísimo para España. Matilde vio a tío Fernando regresar sin barco, dolido, furioso y admitiendo derrotado que la naturaleza humana jamás dejará de desilusionarnos.

Tres años después, el padre de Matilde murió. Lo que por muy poco tiempo fue una familia bien constituida con padre, madre y seis hijos, terminó en dos adolescentes huérfanos amparados por una herencia no inmensa pero suficiente. El Capitán Don Fernando se hizo cargo de Matilde y de su hermano Carlos y para todos los efectos prácticos fue padre y  protector de ambos. 

Según la biógrafa Carmen Calderón, tío Fernando donó los terrenos para la construcción de un teatro pequeñito y precioso en Cabezón de la Sal. En él, Matilde fue Directora Dramática, coreógrafa y hasta actriz en escenarios pintados por su prima hermana María Gutiérrez Blanchard, en el tiempo más mágico que Cabezón de la Sal haya vivido. Inspirada en él, María pinto un cuadro que llamó Jardín de Damas Curiosas y es casi indudable que representara al jardín de la casa de Matilde, un lugar que décadas después fue destruido sin respeto por una de las inteligencias más grandes de Cantabria ni por una de sus familias más representativas.

Matilde no tuvo una educación académica formal. Lo que la familia sabe es que ella fue educada en casa por sus mayores, tutores privados y todo lo demás lo aprendió leyendo sola, sentada en alguna rama de los árboles de su jardín. Sus inquietudes artísticas e intelectuales eran genéticas. Su madre y sus tías amaban la música y el piano, la mayoría de sus tíos escribía, toda su familia era políglota y amaba los libros. Ellos alentaron la curiosidad de Matilde y pese a la época en que vivió, fue una muchacha relativamente libre, que iba a caballo de Cabezón de la Sal a Molledo, Comillas y Mazcuerras escandalizando a algunas viejas cotillas. Su familia, numerosa y estrafalaria, fue toda la compañía que Matilde tuvo de niña, adolescente y joven. Matilde, la muchacha, es descrita como elegante, alta y esbelta; valiente, inteligente y sonriente. La escritora Concha Espina, casada con un primo hermano de la madre de Matilde, le daba a leer sus escritos antes de publicarlos y ambas fueron amigas con una única diferencia importante en aquel tiempo, el tema religioso, de acuerdo a Josefina de la Serna (y a cualquiera que estudie ambas vidas). Matilde se inclinaba más hacia incrédula o agnóstica que hacia fiel devota, fuera por conclusiones propias o por haber crecido oyendo y leyendo a su tío Domingo Gutiérrez Cueto, abogado, periodista, escritor y político del Partido Republicano Reformista. En todo caso, por cariño a Concha, la joven Matilde cantaba el Salve durante el mes de mayo en Cabezón de la Sal y a partir del primer domingo de junio no volvía a vérsela en la iglesia. 

Matilde conoció el amor y no fue como lo cuentan una o dos personas y repiten tantas. Ella y uno de sus primos hermanos se enamoraron de niños, no de adultos ni durante poco tiempo. Se criaron juntos y siendo chicos se amaron bien. Cuando crecieron ese amor cambió como cambia la vida, como cambian las personas y las circunstancias. El casamiento, que se llevó a cabo en Perú, fue un mero par de firmas en el registro civil, impuesto por los hermanos Fernando y Sixto Gutiérrez Cueto que creyeron estar haciendo lo correcto en el año mil novecientos trece. Ese matrimonio terminó apenas llegó a Mollendo (Arequipa) el primer barco rumbo a Europa y Matilde lo tomó. 

Tal como afirma su biógrafa Carmen Calderón, es lógico pensar que el matrimonio fracasado fuera un momento determinante en la vida de Matilde. Es evidente que fue entonces cuando ella usó los ojos para ver lo que sucedía mucho más allá de su entorno íntimo. Esa visión le dolió, como había dolido a sus mayores. Y tal como ellos antes que ella y sus menores después que ella, Matilde intentó explicarse la vida escribiéndola.

Mundo Gráfico, 13/marzo/1918

El primero de sus libros, titulado Jardín de damas curiosas, en un guiño a su prima María, es un epistolario entre una anciana y sus dos sobrinos. Como casi cualquier escrito, se presta a distintas interpretaciones. Hay quien cree que Matilde plasmó su antigua visión de la vida en las palabras de la anciana y su nueva perspectiva en las ideas de los sobrinos. Yo pienso que se trata de Matilde hablando consigo misma y reflexionando. «El triunfo de las mujeres no está en imitar a los hombres… Porque si les decimos: ¿Tú eres hombre? ¡Pues yo también!, no hemos hecho nada…No somos iguales…»La anciana del libro explica lo que haría si el diablo le ofreciera un pacto:

…Yo no pediría nada determinado sino aquello que me fuera haciendo falta a medida de las circunstancias de mi vida…es decir, que yo le pediría todo. -¿Y qué es todo, señora mía?- Pues señor…todo… ¡no es nada determinado! …mire usted, señor de Satanás, ante todo dispénseme porque ni yo misma me entiendo. Deseo ser feliz y desgraciada a causa de la felicidad. Saber de los triunfos del amor y además de sus desgracias…deseo casarme y vivir con, de, en, por, sin amor…y también deseo rabiar…y, si no le parece a usted mal, deseo poseer una fe ardentísima y morir en un convento de carmelitas… y sobre todo, y después y antes de todo, deseo vivir intensamente…querer y que me quieran y odiar y que me odien… ¿usted ha comprendido algo, ilustre y azufrado visitante? 

La anciana termina declarando: «Me parece que las mujeres de ahora y las del tiempo pasado y las que vendrán detrás de nosotras, no harán sino buscar su felicidad de la manera que esté al alcance de su manoDe la sociedad, la política y el poder, la anciana opina:

«… El hombre no es esclavo por arte ni virtud de ninguna ley ni derecho escrito, sino por la ley hasta ahora universal de las condiciones económicas…A mi viejo y perlático juicio, el sufragio universal no es más que una verdadera calamidad para el ciudadano. No porque la idea no sea hermosa en sí, sino porque la Humanidad no está madura para tales bellezas…es una utopía puesta en acción…Para que el sufragio fuera la libre expresión de la voluntad, será condición precisa que el ciudadano fuese libre y…no suele ser libre. …Para administrar tu casa no te fías más que de ti misma, porque sabes aritmética y tienes buen sentido, para cuidarte en una enfermedad, llamas al doctor en medicina, hombre de luces y ciencia… ¿y para administrar, cuidar y gobernar a la sociedad humana llamas a todos los borregos del montón?…»

Una de sus frases que más llama mi atención es:«No quiero pasar después de muerta por un ser absolutamente anodino, neutro y grisáceo, que todo lo que llevó a cabo consistió en nacer, aburrirse concienzudamente y morir después de hacer testamento…No, no.»La vida de Matilde de la Torre es cualquier cosa menos anodina y hasta hoy es querida y odiada, pese a lo poco que se conoce al ser humano Matilde.

Durante los años veinte Matilde cumplió la tradición familiar de escribir artículos de prensa acerca de todos los temas y materializó dos anhelos. Abrió la Academia Torre, de la cual se ha dicho que cumplió la máxima de Platón: «Si junto a la biblioteca tenéis un jardín ya no os falta nada.»  La Academia Torre funcionó en su propia casa y  reunió a muchachos de ambos sexos. Sin método académico y a puro sentido común, Matilde abrió las puertas al deseo de saber y sus alumnos aprendieron a pensar jugando en aquel jardín inmortal y leyendo en la biblioteca que ya no existe, pero existió. Su otro gran triunfo y casi en el mismo tiempo, fue la fundación del Orfeón Voces Cántabras. Matilde ganó para siempre el título de investigadora, resucitadora y divulgadora del folklore cántabro y lo hizo únicamente por amor a su tierra.  Muchos años después de su muerte, el gigante José Ramón Saiz Viadero editó y prologó La Montaña en Inglaterra, una recopilación de artículos escritos por Matilde acerca de las experiencias del Orfeón en sus viajes. La Montaña en Inglaterra es una delicia que expone como pocas de sus obras la ternura y la humanidad de una mujer que vivió.

Matilde publicó su segundo libro once años después que el primero, cuando ya su nombre tenía un crédito intelectual importante. Se trató de Don Quijote, rey de España, un ensayo sobre el Desastre del 98 y el periodo que le siguió. En él afirma que el mal de España fue el oro de América y que el haber sido grande no significa haber sido rica. «…España ha sido relegada en el concierto europeo al lugar inferior que hoy ocupa por haber abandonado las locuras de Don Quijote para seguir la menguada ambición de Sancho Panza…» Evidentemente Orteguiana, Matilde insistió en la necesidad de europeizar a su país. Dos años después publicó El Ágora, un análisis político, en él señaló la falta de ciudadanía como uno de los problemas más serios de su país. El Ágora salió a la luz al término de la dictadura de Primo de Rivera, cuando la mayoría de intelectuales españoles se preguntaba si era posible volver al sistema antiguo de poder rotativo. Poco después, Matilde entró a la política.

La Libertad, 13/diciembre/1933

Lo que sucedió a partir de entonces es parte de la historia de España. Matilde no murió abandonada como alguna vez se dijo y hasta se escribió. Matilde murió rodeada por el amor de los suyos, su hermano, su primo hermano Germán y su sobrina Mireya (hijo y nieta de Javier Gutiérrez Cueto), además de sus amigos españoles en México. Tal como hicieron sus mayores antes que ella, Matilde escribió hasta su muerte. Quizás sea hora de recopilar sus cientos o posiblemente miles de artículos para intentar comprender la mente y el corazón de una mujer que vivió apoyada en el deseo de saber.

“La historia es un camino misterioso que sólo se recorre una vez y no puede investigarse si ´lo que fue´ pudo ´dejar de ser´.”  Frase de Matilde de la Torre, extraída del artículo «Código político II», publicado el trece de abril de mil novecientos treinta del periódico El Cantábrico, de Santander.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 27 de febrero 2021

Si al revisar las fuentes en las que baso este artículo notan el nombre de José Ramón Saiz Viadero repetido ad infinitum, es porque su amor mágico por tía Matilde la resucitó y la familia Gutiérrez Cueto del siglo veintiuno repartida por España y a ambos lados del Atlántico se lo agradecemos con todo el corazón. Para nosotros, José Ramón es un gigante, o más específicamente, El Gigante de Alegrilla: https://www.amoramares.works/post/el-gigante-de-alegrilla-un-cuento-para-ram%C3%B3n

Investigo la vida de nuestra familia durante los siglos XIX y XX. Mi objetivo es publicar una recopilación de cuentos basados en sus vidas valientes a fin de año. Nuestras razones se leen en: https://www.amoramares.works/ancestro, https://www.amoramares.works/post/sixtina y https://www.amoramares.works/post/el-intelectual-la-divina-providencia-y-los-hermanos-carajo-sixtina-4

Fuentes:

  • Recuerdos, conversaciones y correspondencia de mi familia.
  • Matilde de la Torre y su época, de Carmen Calderón. Ediciones Tantín, 1984. Regalo del gigante José Ramón Saiz Viadero.
  • Jardín de damas curiosas, de Matilde de la Torre. Portada de César Abin. Editorial Mundo Latino. Imprenta de Juan Pueyo, Madrid, 1917. Facilitado por la Biblioteca de Mujeres de Madrid.
  • Don Quijote, rey de España, de Matilde de la Torre. Estudio preliminar de Antonio Martínez Cerezo. Prólogo de Ciriaco Pérez Bustamante. Cantabria 4 estaciones. Servicio de publicaciones de la  Universidad de Cantabria. Santander, 2000.
  • El Ágora, de Matilde de la Torre. Edición crítica de Antonio Martínez Cerezo. Editado por la Consejería de Cultura y Deporte, Gobierno de Cantabria. Proyecto de Antonio Martínez Cerezo, 2001.
  • Mares en la sombra, Estampa de Asturias, de Matilde de la Torre. Ediciones Iberoamericanas Norte. París, 1940. Biblioteca Municipal de Santander.
  • Mares en la sombra, Estampas de Asturias, de Matilde de la Torre. Edición, introducción y notas  de José Ramón Saiz Viadero, 2006. Regalo del Gigante.
  • Mujer, República, Guerra Civil y represión en Cantabria, de José Ramón Saiz Viadero. Edición Librucos. Dirección General de Cultura del Gobierno de Cantabria, 2016.  
  • Mujeres de Cantabria en el exilio republicano, de José Ramón Saiz Viadero y Patricia Gómez Camus. Edición Librucos, 2020.
  • Ediciones digitalizadas de los diarios de la época. Enlace facilitado por el gigante José Ramón Saiz Viadero. https://prensahistorica.mcu.es/es/consulta/busqueda.do
  • Vida de mi madre, Concha Espina, de Josefina de la Serna. Sección Cultura, Serie Biografías. Colección Novelas y Cuentos. Editorial Magisterio Español, S.A. Biblioteca Municipal de Santander.
  • Evocación nostálgica de Matilde de la Torre, de J.R. Saiz Viadero. Regalo del Gigante.
  • Matilde de la torre, un espíritu ateneísta, de J. R. Saiz Viadero. Regalo del Gigante.

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